«La terapia ayuda a reconstruir el propio sentido a la vida»
El suicidio es un problema de salud pública alarmante. Si bien, los intentos y amenazas de suicidio son visibles, existe una problemática menos evidente: el suicidio encubierto.

La Licenciada en Psicología Soledad Martínez fue consultada para comprender este fenómeno y explorar las estrategias de prevención.
La Licenciada Martínez destacó que el suicidio no se limita al acto final. Existen comportamientos de riesgo encubiertos que indican una pérdida del sentido de la vida y un deseo inconsciente de autodestrucción. Por ejemplo, cruzar la calle sin mirar, conducir distraídos con el celular, descuidar la alimentación, o trabajar en entornos peligrosos sin protección. Estos comportamientos, a menudo invisibles, son señales de alerta que requieren atención.
La especialista enfatizó la importancia de prestar atención a señales como la falta de conciencia sobre el valor de la vida propia, el olvido de actividades cotidianas básicas (como comer), y la incapacidad de recordar eventos recientes. Estos síntomas pueden indicar un profundo malestar emocional. En tanto, la depresión y el duelo son factores de riesgo importantes, Martínez aclaró que el suicidio es transversal a las clases sociales y edades, afectando a personas de diversos contextos.
Asimismo, la terapia, en particular el psicoanálisis, juega un papel fundamental en la prevención del suicidio. Y explicó que el autoconocimiento es importante para identificar las propias emociones, patrones de comportamiento y reacciones ante situaciones estresantes. Este proceso permite anticiparse a comportamientos de riesgo y desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables. El trabajo terapéutico no se limita a la descarga emocional, sino que implica una transformación personal y la construcción de herramientas para afrontar la vida.
También subrayó la importancia del entorno en la detección temprana de señales de alerta. Familiares y amigos deben estar atentos a cambios en el comportamiento, como el aislamiento social, la negligencia personal, o la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba la persona. Una intervención oportuna puede marcar la diferencia.
Además, argumentó que la pérdida del sentido de la vida es un factor clave en la conducta suicida. El trabajo terapéutico se centra en ayudar a la persona a reconstruir su propio sentido a encontrar valor en su existencia, y a desarrollar proyectos que le den significado. Este proceso requiere un compromiso personal y un trabajo arduo, pero es fundamental para la recuperación.
La prevención del suicidio requiere un enfoque multidisciplinario. Martínez aboga por un mayor acceso a servicios de salud mental, la desestigmatización de la enfermedad mental, y la promoción de la salud mental en la sociedad. La intervención temprana es esencial, ya que el suicidio no surge de la noche a la mañana, sino que es el resultado de un proceso gradual.
