PEDIDO DE PUBLICACIÓN: LA INUTILIDAD DE LA INDIGNACIÓN
Por Maria Laura Razzari
No hay respuesta más inútil y que nos exponga a ser nuevamente presa de psicópatas que la indignación.

Tan es así, que indignarnos con el actual Presidente de la Nación Javier Milei por su abierta y aparente torpeza para llevar adelante una estafa, que abarca un conjunto de delitos claramente tipificados en el actual Código Penal, es contraproducente.
La indignación revela dos terribles verdades:
1- No afecta la conducta ni la consciencia de quiénes detentan las posiciones de poder más importantes del país, que siguen dispuestes a levantar «sus apuestas».
2- Induce a una gran parte de la ciudadanía a minimizar los hechos llevados a cabo desde la investidura presidencial, por contraposición exime de responsabilidad institucional al delincuente, induce a un nuevo estado de admiración hacia quien transgrede el orden constitucional, fragmenta el tejido social desde la creencia de que todes somos libres y responsables individuales de las consecuencias de nuestros actos con una lógica – ilógica de lo que significa el comportamiento social, y así naturaliza y legitima el abuso como signo revolucionario.
Es peligrosa la indignación como respuesta por parte de quiénes generacionalmente pertenecemos a los tiempos de la última dictadura militar y el retorno de la democracia porque no tenemos experiencia en las lógicas de expansión del poder del fascismo y la ultraderecha conservadora.
Nos equivocamos de botón al apretar el de la indignación.
Basta darse una vuelta por las redes sociales para advertir que la ausencia de representatividad política es un agujero negro de indefensión ciudadana.
Y que esa orfandad es rápidamente sustituida por perversas y perversos, psicópatas que jamás sufrirán con nuestras reclamaciones ni un dejo de preocupación porque en sus estructuras psíquicas eso NO ES POSIBLE.
Una sociedad cuya clase dirigente ha perdido por completo la capacidad de efectividad en dar respuestas institucionales de orden político o judicial es el indicador más claro de que como ciudadanes debemos volver la mirada sobre nosotres mismes para retomar la soberanía, reorganizarmos, autoconvocarnos, ponernos en estado asambleario permanente, y actuar tal vez por un largo tiempo sin la herramienta de delegación de la representación política en personas particulares, deberemos ser una colectiva diversa, blanda y perspicaz.
A les psicópatas sólo se les gana terreno adelantándoseles y no es un tarea fácil, requiere comprender como funcionan, dejar de normalizar o resistir sus comportamientos y asumir que no están en posibilidad de «dar para atrás».
Cuando les psicópatas designan su presa, sólo la presa puede encontrar el modo de correrse de la lente con la que será acribillada.
Nadie puede hacerlo por ella.
Como Nación somos una presa, como Nación-espalda con espalda- deberíamos movernos sólo por nuestra supervivencia; porque cuando el ataque es máximo no hay margen para otras expectativas.
La indignación nos debilita y a la perversidad la engorda, fortalece y alimenta.
Dato de color: si algo no soporta y desestabiliza a les psicópatas es el humor inteligente, la creatividad y el desenfado.
Una vez más la desobediencia puede ser el camino hacia la salvación y la felicidad colectiva.
Quizá con probar no perdamos más que los que nos han quitado.
Todos los lunes nos reunimos en diferentes plazas de Chivilcoy.
