Trastorno de Identidad Disociativa
La Licenciada en Psicología Soledad Martínez brindó una interesante entrevista sobre el Trastorno de Identidad Disociativa (TID), antes conocido como trastorno de personalidad múltiple.

El TID no implica la existencia de múltiples personalidades, sino una fragmentación de la identidad de una sola persona. La lic. Martínez explicó que la disociación es un mecanismo de defensa natural que todos poseemos, pero que en casos de trauma severo, especialmente en la infancia, puede volverse patológico.
«La disociación es un mecanismo psíquico adaptativo», afirmó. Y agregó: «En situaciones traumáticas, la mente puede disociar para protegerse. Pero cuando el trauma es excesivo o repetitivo, esa disociación se vuelve patológica, creando una fragmentación de la identidad».
La especialista enfatizó la diferencia entre la disociación adaptativa y la patológica. En la primera, la persona puede reconocer diferentes identidades según el contexto (por ejemplo, una identidad en el trabajo y otra en casa), manteniendo la conciencia de ser una sola persona. En el TID, sin embargo, hay una desconexión entre las diferentes identidades, con lagunas de memoria, olvidos, y diferencias marcadas en emociones, gustos e interacciones. «No hay compatibilidad entre las identidades; es como si fueran personas completamente diferentes dentro de una misma persona», detalló.
El TID suele originarse en la infancia o adolescencia como respuesta a eventos traumáticos como abusos, accidentes graves, o situaciones de violencia extrema. La mente del niño, en un intento por protegerse, crea diferentes identidades para lidiar con el trauma. Estas identidades pueden incluso representar al abusador o un rol salvador.
La lic aclaró que el TID no es una enfermedad con cura en el sentido tradicional, pero sí es tratable. «Cuanto antes se detecta, mejor se puede trabajar. El objetivo es unificar las diferentes identidades, ayudando al paciente a integrar su experiencia traumática y reconstruir su identidad».
El tratamiento es complejo y requiere un abordaje cuidadoso, incluyendo la identificación del trauma original, el trabajo con las diferentes identidades, y la integración de la experiencia traumática. Martínez mencionó la importancia de diferenciar el TID de otras patologías como la esquizofrenia, destacando la presencia de una única personalidad subyacente en el TID.
La profesional también comentó sobre casos en los que los pacientes, a pesar de la disociación, han logrado escribir libros sobre su experiencia, demostrando la posibilidad de tomar conciencia y procesar el trauma.
Finalmente, resaltó la importancia de la atención temprana y la intervención terapéutica para evitar que la disociación se convierta en un mecanismo rígido e incontrolable. La detección temprana, a través de la observación de síntomas como lagunas de memoria, cambios bruscos de personalidad, o desconexión con el propio cuerpo, es fundamental para un tratamiento efectivo. Señaló que incluso eventos como la experiencia de guerra pueden contribuir a la aparición de este trastorno.
