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30 marzo, 2025

La magia de Picotto: Un viaje por los «Tiempos modernos»

Chivilcoy disfrutó de la genialidad de Pablo Picotto en una noche inolvidable en el Teatro El Chasqui.

Su unipersonal, «Tiempos Modernos», no fue una simple función; fue un viaje, una travesía por laberintos de humor y laberintos existenciales, donde el ferretero y Osmar Amarilla, entre otros personajes, se convirtieron en arquetipos de nuestra época.

Picotto, con la maestría de un artesano de la palabra, tejió una red de anécdotas que resonaron con la risa y la introspección del público, una sala repleta que se convirtió en cómplice de sus desventuras. Su relación con Beni, su hijo con TEA, no fue un tema aparte, sino el hilo conductor que hilvanaba sus reflexiones sobre la paternidad, la condición humana y la complejidad de navegar en el océano digital.

Cada personaje, cada anécdota, era un pincelazo en el retrato de una sociedad dividida entre la individualidad y la necesidad colectiva, donde las pantallas se alzan como nuevos ídolos en un mundo que se fragmenta y se recompone a cada instante. Picotto, con su particular estilo literario, no solo describió esta realidad; la diseccionó, la analizó, la desmenuzó con la precisión de un cirujano y la reconstruyó con la magia de un ilusionista.

El éxito, según el propio Picotto, se forja en el crisol del fracaso, en el aprendizaje que se extrae de cada caída, de cada «anécdota», de cada experiencia vivida. Su actuación fue una lección magistral de síntesis, un resumen conciso y brillante de los problemas cotidianos, una oda a la resiliencia y al humor como herramientas para enfrentar la complejidad de «Tiempos Modernos». Una actuación impecable, un espectáculo extraordinario que dejó una huella imborrable en el alma de Chivilcoy. Una noche para recordar, reflexionar, reír a carcajadas y para, finalmente, comprender que incluso en la era digital, la conexión humana sigue siendo el tesoro más preciado.

El talentoso actor con una sensibilidad única y un humor inteligente, logró describir la condición del espectro autista de su hijo Beni sin caer en clichés ni en sentimentalismos. No se limitó a «explicar» el autismo, sino que lo integró a su propia historia, a sus vivencias como padre, con una naturalidad que conmovió al público.

Picotto mostró las particularidades de Beni, sus fortalezas y desafíos, con un enfoque que no solo informaba, sino que también humanizaba. Sus palabras, llenas de humor y ternura, desmitificaron el autismo, mostrando que detrás de la condición, hay un ser humano con emociones, sueños y una visión del mundo única e invaluable.

Su capacidad para encontrar el humor en las situaciones más desafiantes, fue una lección de comprensión. También demostró que la risa puede ser un puente para conectar con la diferencia, para romper barreras y generar empatía.

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