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31 julio, 2025

La cuota alimentaria y el compromiso parental

La Dra. Lía Velurtas, abogada especializada en derecho de familia, ofreció una perspectiva jurídica sobre la compleja cuestión de la cuota alimentaria, destacando la tensión inherente entre las necesidades de los hijos menores y las capacidades económicas de los padres/madres.

«La cuota alimentaria suele percibirse como insuficiente para quien la recibe y excesiva para quien la paga,» afirmó la Dra. Velurtas, resaltando la dificultad de equilibrar las necesidades de los niños con la realidad económica post-separación.

La profesional enfatizó la importancia de la negociación y el acuerdo previo a la vía judicial. «En la mayoría de los casos, se busca un acuerdo que refleje la realidad económica de ambas partes y las necesidades de los menores,» explicó. Este acuerdo debe considerar los ingresos de ambos, los gastos de manutención de los hijos, y la edad de los mismos. El objetivo principal es asegurar que los menores mantengan el mismo nivel y calidad de vida que tenían antes de la separación, independientemente de con quién residan. «La calidad de vida debe ser similar en ambos hogares,» señaló, recalcando la importancia de la igualdad en la provisión de necesidades básicas.

La abogada detalló que la obligación de manutención recae sobre ambos padres, en proporción a sus ingresos. «Quien gana más, aporta más,» puntualizó. La determinación de la cuota se complica cuando no se cuenta con recibos de sueldo o registros laborales formales. En estos casos, indicó la necesidad de aportar pruebas para demostrar los ingresos. «El juez puede basarse en el salario mínimo vital y móvil, la canasta básica de alimentos, o cualquier otra prueba que permita determinar la capacidad económica del alimentante,» precisó.

El incumplimiento de la cuota alimentaria tiene consecuencias legales y emocionales significativas. «Las consecuencias legales pueden incluir embargos, inclusión en registros de deudores alimentarios, etc.,» detalló la Dra. Velurtas. Sin embargo, destacó la importancia de las consecuencias emocionales para los menores. «La cuota alimentaria no es solo dinero; es una forma de asegurar la presencia y el compromiso de ambos padres en la vida de sus hijos,» afirmó.

Asimismo, aclaró que la cuota alimentaria abarca todas las necesidades del menor: alimentación, vestimenta, educación, salud, y vivienda. La obligación se extiende hasta los 25 años si el hijo continúa estudiando y no puede solventarse por sí mismo; de lo contrario, cesa a los 21 años. El cese de la cuota, entre los 18 y 21 años, debe ser solicitado por el alimentante y justificado por la capacidad económica del hijo.

Finalmente, añadió la posibilidad de incluir la «carga mental» en la determinación de la cuota alimentaria. «La parte que asume la mayor responsabilidad en la crianza diaria de los hijos, incluso en términos de organización y gestión, puede reclamar una compensación,» explica. La abogada concluyó enfatizando la importancia de llegar a un acuerdo consensuado, pero reconoció que la vía judicial es necesaria cuando la negociación falla. El proceso judicial, que puede incluir la solicitud de alimentos provisorios, puede ser largo y complejo, requiriendo la presentación de pruebas para determinar la capacidad económica del alimentante. En caso de incumplimiento, el juez ordenará el pago de las cuotas atrasadas.

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