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14 septiembre, 2025

«La agricultura es el arte de orientar la naturaleza para producir lo que necesitamos», así lo definió el Ing. Agr. Fernando Solari

Solari compartió su visión sobre la transformación del campo y los desafíos del futuro.

El profesional destacó el aumento exponencial en la producción en las últimas décadas. «Cuando empecé, el trigo rendía 2.200 kg, ahora 5.500 kg. El maíz pasó de 3.500 kg a 10.000 o 11.000 kg. La soja era inexistente». Este incremento, impulsado por la tecnología, ha permitido alimentar al doble de la población mundial con una dieta más rica en calorías.

Pero no solo la cantidad ha cambiado. La calidad, aunque un término «relativo», también ha evolucionado. Solari explicó que la demanda global ha influido en los estándares de calidad. «Antes, Europa priorizaba el trigo con alto contenido de gluten para panificación. Hoy, los mercados asiáticos buscan volumen de calorías».

Para Solari, la tecnología no se trata solo de aumentar la producción, sino de eliminar los obstáculos que impiden alcanzar el potencial máximo de un cultivo. «La tecnología busca adaptar el cultivo para que absorba toda la luz posible». Esto implica desde una siembra precisa hasta el control de plagas y enfermedades.

En este sentido, el manejo del suelo es fundamental. Solari enfatizó que la fertilización no es para «envenenar el ambiente», sino para reponer los nutrientes que los cultivos extraen del suelo, evitando su degradación. «Si ponemos de más, contaminamos. Pero en Argentina, los fertilizantes siempre fueron caros, así que las dosis suelen ser las justas».

Asimismo, explicó que el uso de fertilizantes requiere un conocimiento profundo del suelo y de las necesidades de cada cultivo. El fósforo, por ejemplo, se acumula en el suelo, por lo que se busca alcanzar un nivel óptimo y luego reponer lo que se consume.

El nitrógeno, en cambio, es más dinámico y requiere un manejo prudente. «Si uno aplica todo el nitrógeno al momento de la siembra, corre el riesgo de perderlo por las lluvias y afectar la calidad del grano». Solari recomendó fraccionar la dosis y aplicar una parte en el momento del cañazón para asegurar un buen nivel de proteína.

Además, advirtió sobre las pérdidas por volatilización de la urea, especialmente en aplicaciones tardías con altas temperaturas.

Por otro lado, Solari vislumbra un futuro prometedor con el avance de los bioestimulantes, que no solo aumentan la producción, sino que también reducen la necesidad de insumos más perjudiciales para el medio ambiente. «Lo que se está haciendo en laboratorio es un salto de pequeña escala con resultados sorprendentes».