Baja de retenciones a granos: señal de apoyo gubernamental al agro, aunque beneficio al productor será parcial
La baja de retenciones a granos representa una buena noticia para el sector agropecuario argentino, ya que envía una señal clara de apoyo por parte del gobierno y mejora la competitividad de toda la cadena agroindustrial.

Sin embargo, el Ing. Agr. Juan Francisco Arregui advierte que el beneficio directo al productor será parcial, especialmente en el caso del trigo, debido a la fuerte oferta por la cosecha récord que se avecina.
«El precio del trigo no va a reflejar mucho la baja porque la demanda está débil y la producción es muy alta», explica Arregui, quien agrega que a pesar de ello, la medida es clave para estimular la venta de trigo y maíz durante los meses de verano —época en que suelen caer las operaciones— y podría ayudar a mantener el tipo de cambio al ingresar más dólares al país.
La permanencia de la baja es otro punto positivo, ya que brinda previsibilidad a los productores. «Da tranquilidad hacia el futuro, no es un beneficio temporal», señala. Si bien la medida implica una menor recaudación para el gobierno, Arregui considera que estará compensada por la mayor actividad económica que generará.
En términos de rentabilidad, el impacto se sentirán más en campos alquilados: «En algunos casos, los márgenes que estaban en negativo pasan a positivo con estos 2 puntos». Para ilustrar la situación de riesgo y los costos altos de la actividad, Arregui detalla que un cultivo de maíz en campo alquilado requiere entre 7 y 8 toneladas de producción para cubrir inversiones, mientras que el trigo alcanza costos de hasta 3.500 kilos por lote —con alquiler, insumos y gastos varios—, lo que hace que las rentabilidades sean muy ajustadas y dependan de maximizar los rendimientos.
El Ing. Agr. también resalta que la medida beneficia a subproductos, uno de los pilares de la industrialización argentina, mejorando la competitividad de toda la cadena comercial.
Además, Arregui hace hincapié en los riesgos crecientes que enfrenta el sector, especialmente el climático: «Los últimos años han traído tormentas severas, piedras, inundaciones y sequías con mayor frecuencia. Entre Moquebue y Gorostiaga hubo daños en lotes casi listos para cosechar». Junto a la infraestructura en malas condiciones y los precios internacionales que se mantienen bajos —ya que Argentina es tomadora de precios definidos en mercados como Chicago—, la actividad se vuelve cada vez más compleja.
«En un contexto de precios internacionales bajos, esta es una gran señal para que los productores sigan sembrando», concluye Arregui, recordando que la siembra se extenderá hasta mediados de enero en algunas zonas, y que la medida llega a tiempo para apoyar a quienes enfrentan márgenes ajustados y altos riesgos.
