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15 diciembre, 2025

Calzados Trotta: tres generaciones de pasión por el calzado

Hace 80 años, el fundador comenzó con arreglos de zapatos y fabricación de botas y calzado ortopedico. Hoy, Calzados Trotta es una historia de tres generaciones que se mantiene vigente en la ciudad, con clientes que vienen de pueblos cercanos y recuerdan a sus abuelos y padres frecuentando el local —un legado que llena de orgullo a sus actuales dueños.

La zapatería nació en 1941, cuando el abuelo de Gustavo comenzó a ampliar su oferta: primero botas, luego zapatillas, hasta incluir calzado de hombres y chicos. «Casi éramos los únicos en la zona, así que siempre trabajamos bien», recuerda Alicia. Con el tiempo, su padre tomó las riendas, y después de la llegada de Gonzalez —quien trabajó 38 años en el local y fue un gran consejero—, le entregó el negocio a Alicia.

Hoy, la tercera generación se completa con Marcela, hija de Alicia, y hermana de Gustavo, quienes siguen la mística familiar: atención personalizada, flexibilidad en horarios para quienes vienen a hacer trámites en la ciudad y un compromiso con la calidad —siempre con calzado de cuero, desde sandalias y zapatillas hasta zapatos de dama, caballeros y chicos.

La competencia ha crecido en los últimos años, con pequeñas zapaterías y ventas en casas, y la situación económica complica las ventas. Pero el local se mantiene en pie gracias a una clientela de toda la vida: «Vienen abuelos, padres, hijos, nietos. Me dicen ‘acá venía mi abuela cuando era chica y ahora traigo a los míos'», cuenta Alicia con emoción. Los clientes valoran también el trato humano: «Nadie se va sin resolver su problema, incluso manejamos cuenta corriente para quienes lo necesitan», agrega Gustavo.

Para adaptarse al momento, han incorporado opciones de pago como promociones con el Banco Francés y tarjetas locales como Fertil. También buscan trabajar con fábricas de calidad —algunas también con legado familiar— y trasladarles los descuentos a los clientes.

«Es un orgullo tener tantos años en algo que empezó mi abuelo y siguió mi mamá», dice Marcela.

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