«DERIVAS DE HORMONALES PROHIBIDOS DEVASTAN CULTIVOS Y FRUTALES EN EL CHACO: LA LEY NO LOGRA DETENER EL USO ILÍCITO»
Producto 2,4 D aplicado en época de veda destruye miles de hectáreas de algodón y afecta hortalizas y árboles frutales; productores y técnicos denuncian falta de control.

El panorama agrícola en varias zonas del Chaco se presenta desolador: derivas de productos hormonales prohibidos están arrasando con plantaciones de pomelos, moras, mandarinas, lechuga, acelga, cebolla y verdeo, además de afectar paraisales. Como si fuera poco, el herbicida 2,4 D –prohibido de aplicar entre el 1 de agosto y el 31 de marzo– está dando el golpe final a miles de hectáreas de algodón, en un escenario que recuerda a la época de las langostas que diezmaron las esperanzas de los productores.
LA LEY SE QUEDA EN PAPEL: QUIENES DEBEN CUIDARLA SON LOS PRIMEROS EN INCUMPLIRLA
A pesar de que la normativa provincial prohíbe estrictamente el uso de sustancias hormonales –incluido el 2,4 D– en la ventana estival, la realidad sobre el terreno muestra que muchos actores del sector hacen caso omiso a la regulación. «Hay ingenieros y técnicos que conocen a la perfección el daño que ocasiona este producto y aún así ordenan su aplicación, o bien lo venden en épocas de veda. Y los productores, que también saben que está prohibido, lo utilizan», denuncia enfáticamente un productor de la zona de Sáenz Peña.
El problema se complica por la dinámica del mercado laboral: «Luego entran los contratistas, y si alguien se niega a aplicar el producto prohibido, simplemente buscan a otro que lo haga –agrega el productor–. Quien se negó termina perdiendo el trabajo, y eso hace que muchos prefieran callar y cumplir».
Otro productor relató un caso que ilustra la falta de compromiso con la ley: «Hace aproximadamente un mes, un productor y ganadero vino a nuestra casa queriendo hacer una aplicación. Mi papá le preguntó qué producto iba a usar y respondió que era 2,4 D. Cuando se lo dijo prohibido en esta época, el señor se fue en su camioneta, pero después anduvo preguntando por otros contratistas dispuestos a hacerlo. Es decir, sabía que estaba mal, pero igual insistió».
PROPUESTAS PARA CONTROLAR EL USO ILÍCITO: CAMPAÑAS, RECETARIO Y TECNOLOGÍA
Ante la gravedad de la situación –que no es nueva, pero ha cobrado mayor intensidad y difusión en los últimos meses–, diversos actores del sector han planteado propuestas para revertir la tendencia. Algunos ingenieros agrónomos sugieren impulsar campañas de capacitación y concientización sobre el manejo adecuado de agroquímicos y el cumplimiento de la Ley Provincial de Agrotoxicos. Otros enfatizan que el gobierno debe exigir el uso obligatorio del Recetario Agronómico para todas las aplicaciones.
«El problema se ha salido de control porque va más allá de las leyes actuales y los organismos encargados de fiscalizar. Ahora el daño llega a lugares donde antes no llegaba, como los árboles de las ciudades y miles de lotes pequeños», explica un técnico del sector. «Estamos usando mal estos productos, cuando existen alternativas y formas de trabajar que no generan este impacto».
Por su parte, productores de Santa Fe proponen implementar mecanismos tecnológicos para mejorar el control, como una receta electrónica similar a la utilizada para la carga de cereales y oleaginosas. «Debería funcionar como una carta de porte, donde alguien tenga que firmar de manera digital –aseguran–. La única forma de generar responsabilidad es que el técnico que prescribe el producto firme esa receta electrónica, de modo que quede un registro claro de quién toma las decisiones».
«Es desgraciado el daño que se está causando, especialmente cuando se puede trabajar con otros productos y métodos. Por eso es fundamental buscar herramientas tecnológicas que permitan gestionar y controlar el uso de agroquímicos de manera efectiva», agregan.
«NO LES IMPORTA QUE HAYA ESCUELAS NI VIVIENDAS»: DENUNCIAN APLICACIONES EN MALAS CONDICIONES
Técnicos y productores de la zona oeste del Chaco denuncian públicamente que las aplicaciones aéreas están generando un «desastre ambiental». «Los aviones vuelan todo el día haciendo pulverizaciones en condiciones ambientales inadecuadas –aseguran–. No les importa si cerca hay viviendas, escuelas, animales o cultivos sensibles; dicen que solo cumplen órdenes de los dueños de las tierras».
Un ingeniero agrónomo enfatiza la necesidad de aplicar sanciones severas para detener la práctica: «Los primeros en la cadena que deberían ser sancionados son los pilotos de los aviones y los que conducen los mosquitos terrestres. Si se les imponen multas fuertes o medidas más drásticas, en semanas van a pensar dos veces antes de causar daño».
