Trigo como alimento para ganado: baja calidad panificable y precios impulsan uso forrajero a niveles récord
La cantidad de trigo destinada a la molienda para elaborar alimentos balanceados se ha triplicado respecto al promedio histórico y alcanza su nivel más alto en una década. Este fenómeno se explica por la combinación de una supercosecha, la reducción en la calidad comercial del cereal y un precio inferior al del maíz.

Según las estadísticas oficiales correspondientes a diciembre, el volumen de trigo utilizado en la formulación de balanceados llegó a las 34.000 toneladas –un valor no registrado desde diciembre de 2016. Si bien en las dos últimas campañas el uso de trigo pan como forraje no superaba el 2% del total molido, en el último mes del año pasado ese porcentaje saltó al 8%, cuatro veces más del habitual.
¿Cuáles son los motivos detrás del aumento?
Varios factores se conjugan para explicar esta tendencia:
- Hiper-oferta del cereal: La producción creció 10 millones de toneladas respecto a la campaña anterior, con rendimientos récord en casi todas las regiones productivas.
- Baja calidad panificable: El excelente clima que permitió los altos rendimientos no fue acompañado de suficiente fertilización –a pesar de la importación de casi 1,5 millones de toneladas de urea, cerca de un récord histórico–, lo que generó una caída en el contenido de proteína y gluten, atributos clave para la industria panificadora.
- Ventaja de precios sobre el maíz: Mientras habitualmente el trigo tiene un valor superior, en el tramo final de la campaña maicera (diciembre-enero-febrero) la demanda interna sostuvo los precios del maíz, generando un diferencial de alrededor de $26.000 por tonelada a favor del trigo. Esto permite a la industria del balanceado sustituir parte del maíz por un ingrediente más económico, sin afectar la ganancia de peso de los animales.
Se espera que esta tendencia se mantenga en los datos de enero, ya que el diferencial de precios entre ambos granos sigue siendo favorable para el trigo.
Adaptaciones en la cadena productiva
Ante la reducción de calidad, los molinos están ajustando sus procesos en lugar de recurrir a la importación de trigo corrector. Por su parte, las exportaciones se están dirigiendo a mercados que aceptan esta calidad, absorbiendo los diferenciales negativos de flete.
La cadena productiva está demostrando su capacidad de adaptación frente a una cosecha que estuvo a punto de alcanzar las 30 millones de toneladas, reafirmando la competitividad del sector argentino.
