Viñedo sobre restos mineros en Córdoba produce 12 mil botellas anuales y fusiona dos rubros
En el Valle de Calamuchita, la familia Martínez demostró que la minería y la vitivinicultura pueden coexistir de manera sostenible. En un predio donde se explota fluorita desde los años 60′, crearon un viñedo de tres hectáreas que actualmente produce 12 mil botellas al año, además de impulsar el enoturismo y reeducar sobre la actividad minera.

De residuos mineros a suelo propio para la vid
Luego de llegar al lugar en los 90′, la familia reinició la extracción de fluorita a cielo abierto en 2000. Por cada tonelada de mineral obtenido, generaban tres de granito sin valor comercial que se acumulaba como residuo. Un integrante ingeniero agrónomo propuso estudiar qué cultivos podrían desarrollarse en esa base rocosa, aprovechando la altitud de 1.300 metros y la amplitud térmica de la zona.
El principal desafío fue el exceso de precipitaciones, por lo que durante diez años construyeron un «suelo de autor» con granulometría específica a base de granito sobrante. También se diseñó una terraza de 20 metros de altura con tres millones de toneladas de este mineral, después de realizar estudios para no alterar los cursos de agua.
Vinos «Alma Minera»: más allá de la comercialización
En 2013 se plantaron las primeras vides, con ocho variedades iniciales (Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah, Tannat, Tempranillo, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Cabernet Franc). La cosecha comenzó en 2019 con mil botellas aproximadamente, y hoy cuentan con cinco etiquetas básicas más dos nuevas que se lanzarán este año.
A diferencia de la vitivinicultura mendocina, las vides se plantan a casi tres metros de distancia para maximizar la insolación y secar el exceso de agua; el riego es casi nulo y solo se usa en momentos necesarios. El nombre de la bodega, Alma Minera, busca poner en valor la actividad minera, en contraposición a las sugerencias de expertos en marketing.
Sostenibilidad ecológica y social
El predio cuenta con un parque solar que cubre el 45% del consumo energético de la industria minera. Además, se implementó un circuito cerrado de agua para el proceso de flotación del mineral, con una pérdida de solo 20% por evaporación.
En materia social, solo se contrató a un enólogo; el resto de las tareas (vendimia, poda, etiquetado y embotellado) las realizan mineros capacitados. Con unas 50 personas empleadas, cuando baja la producción minera el personal se dedica a la vid, permitiendo una vendimia escalonada según las necesidades de cada variedad.
Enoturismo: un espacio para dialogar sobre la minería
En 2022 comenzaron a comercializar la producción debido al aumento de volúmenes, que inicialmente solo se distribuía en ferias mineras como herramienta de difusión. Ante la curiosidad de los consumidores, diseñaron visitas guiadas para grupos limitados y en fechas concretas mensuales.
Un río delimita naturalmente el viñedo y la bodega del sector de molienda y explotación minera (que no se puede visitar por estar activa). Los recorridos incluyen almuerzo preparado por los cocineros del campamento minero y la posibilidad de dialogar con trabajadores de ambos rubros. «La gente valora la tenacidad del proyecto y considera que es único», destacó Celeste Martínez, responsable de Comercialización y miembro del directorio de Fluorita Córdoba.
La empresa está certificada por normas ISO y busca demostrar que la minería puede ser compatible con otras actividades productivas.
