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25 marzo, 2026

Se Apagó un Siglo de Historia: FAPA, la Única Fábrica de Aisladores Eléctricos del País, Baja sus Persianas

Una noticia que resuena con la fuerza de un cortocircuito golpea al corazón de la industria nacional: la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA), la única en el país dedicada a la producción de aisladores eléctricos, ha cerrado definitivamente sus puertas.

Con casi un siglo de historia, la empresa fundada en Monte Grande en 1938 deja un vacío inmenso y una preocupación tangible para el futuro de la infraestructura eléctrica argentina.

FAPA no era una fábrica más. Era un pilar fundamental del sistema eléctrico nacional, responsable de cubrir la totalidad de la producción local de aisladores de porcelana y de abastecer un impresionante 70% del consumo del mercado. Su cierre, que se atribuye a una medida gubernamental que la «dejó en ruinas», significa un antes y un después: de un día para el otro, el país se queda sin capacidad instalada para producir este insumo vital, al menos en el corto plazo.

La consecuencia directa e ineludible es que Argentina pasará a depender completamente de las importaciones. De ahora en adelante, los aisladores eléctricos que se necesitan para el mantenimiento y la expansión de la red llegarán desde China, Brasil y Colombia. Una ironía amarga para una industria que, por décadas, persiguió con ahínco el objetivo de reemplazar importaciones y fortalecer la producción local.

Ante este panorama, el Gobierno nacional tuvo que tomar una medida urgente: suspender por seis meses los aranceles antidumping que gravaban precisamente a estas importaciones. Desde el Ministerio de Economía explicaron que la decisión era indispensable para evitar posibles fallas en la red eléctrica, ya que mantener los tributos «habría obstaculizado la estabilidad del servicio público». En otras palabras, la necesidad de garantizar el suministro eléctrico primó sobre la protección arancelaria.

Más allá del impacto en la infraestructura energética, el cierre de FAPA deja un sabor amargo por el destino de sus trabajadores. Ellos, que dedicaron años de su vida a esta empresa centenaria, se suman ahora a la ya larga lista de despedidos por la crisis industrial que golpea al país en los últimos dos años. Una página, sin duda, se cierra en la historia de la industria argentina, y con ella, un pedazo de soberanía productiva en un sector estratégico.

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