La voz del Delta: la ganadería frente a las aguas que no paran de subir

La creciente del río Paraná avanza. En la zona del Delta y los partidos ribereños de San Nicolás y Ramallo, el panorama es de alerta permanente.
Analía Esperón, productora ganadera de la zona, recorrió los campos, relevó la situación del forraje y habló con los productores. Esperón traza un panorama que preocupa pero que todavía no es el peor escenario:
«Por suerte, acá todavía no es lo que está sucediendo allá en el norte del país. Todavía quedan cabezas de ganado, porque quedan costas, quedan barrancas y hay pastura. El rebrote de primavera ayuda, hay alimentos forrajeros. Pero estamos siguiendo minuto a minuto los informes del INA y del Servicio Hidrológico.»
Las proyecciones: el agua no baja pronto
Según las estimaciones oficiales, para el 25 de diciembre el río alcanzaría los 4,20 metros en la zona de San Nicolás y Ramallo. A esa altura, apenas quedan zonas altas disponibles. Pero lo más preocupante es que ese no sería el pico:
«Esto plantea que venía como un repunte, pero van a ser varios repuntes que se suman a una creciente grande y larga. El pico máximo se proyecta para enero. Si a eso le sumamos lluvias de hasta 600 milímetros en las cuencas altas, la situación se complica seriamente. Las sudestadas, cada vez más frecuentes, demoran la bajada natural del agua hasta la altura de San Pedro.»
El forraje: el primer problema que ya se siente
No todos los campos están iguales. La sequía previa dejó zonas muy deterioradas y otras en condiciones aceptables:
«He recorrido desde Victoria hasta Bajo Hondo, cerca del Rincón del Pescado. En algunas zonas la hacienda está complicada y hay que sacarla. En otras, por ahora resiste. Pero no es una situación pareja: hay zonas perfectas y zonas donde el alimento escasea.»
El forraje escasea y sube de precio. Los rollos rondan los $7.000 o más, y conseguir campos para alojar animales fuera del Delta es cada vez más difícil y costoso:
«Hay gente que se ha alejado 200, 300 kilómetros, arrienda campos chicos y hace comederos improvisados. Buscan no vender el vientre de la vaca de cría a precio de remate urgente. No hay hotelería ganadera suficiente y no quieren malvender lo que es el futuro de su producción.»
¿Respuestas del Estado?
Las instituciones y la Sociedad Rural mantienen reuniones con autoridades provinciales y nacionales —incluyendo la ministra de Seguridad de la Nación— para agilizar trámites y gestionar ayudas. Pero hasta ahora:
«Que yo sepa, no han llegado subsidios ni asistencia concreta. Se han agilizado guías sanitarias y normativas, eso ayuda. Pero pedimos que se decrete la emergencia agropecuaria en las provincias y municipios afectados. Si un productor tiene que vender todo por urgencia, no puede pagar impuestos como si fuera una venta comercial el año que viene. Es una venta forzada, no una decisión económica.»
Las recomendaciones: no esperar
Aún con barcos disponibles para la evacuación animal, el mensaje de Esperón es claro: no quedarse esperando:
«No esperar. Mientras haya tiempo, buscar solución en el continente. Se han recibido ofrecimientos desde San Luis y Mendoza, aunque las distancias encarecen los traslados. Los productores se están asociando, buscando espacios entre todos. Sabemos que esto puede extenderse hasta abril. Y lo que más preocupa: no solo hay que sacar los animales, sino que cuando baje el agua, no habrá pasto para volver. Entramos en el invierno sin reserva forrajera. Eso es lo que realmente nos preocupa a todos.»
El pronóstico que no afloja
El fenómeno El Niño mantendrá los caudales altos por meses. Lluvia tras lluvia, el río responde subiendo. La producción ganadera del Delta enfrenta una prueba dura: evacuar, alimentar y proteger el vientre de la cría, sin abandonar el territorio que esperan recuperar cuando las aguas bajen. Mientras tanto, miran el río y el cielo, esperando que los pronósticos sean, por una vez, más graves de lo que termina ocurriendo.
