(AUDIO) “Ningún año pasa en vano: cada etapa nos deja herramientas para seguir construyendo”
La especialista en educación y en Trapias Integrativas Luisa Andreoli reflexionó sobre el impacto emocional que suelen tener las fechas de fin de año, un período que para muchas personas activa sentimientos de melancolía, recuento de ausencias y frustraciones vinculadas a objetivos no alcanzados.

En este contexto, Andreoli destacó la importancia de cerrar los ciclos con una mirada integradora y optimista, reconociendo que cada etapa de la vida —aun las más desafiantes— aporta aprendizajes fundamentales.
“Fin de año suele funcionar como un balance emocional: aparecen quienes ya no están, la nostalgia por quienes quisiéramos que estén y también por aquello que deseábamos que ocurriera y todavía no pasó. Pero ningún año es en vano”, aseguró.
“No todo se concreta como lo imaginamos, pero todo nos da tiempo, experiencia y recursos para seguir haciendo, construyendo, aprendiendo y, sobre todo, para reconciliarnos con la idea de que la vida no siempre responde a nuestras expectativas”.
La especialista remarcó la necesidad de diferenciar entre aquello que está bajo nuestro control y aquello que no, para poder enfocar la energía de manera más consciente. Además, subrayó la importancia de reconocer los avances personales:
“También es saludable felicitarnos por lo logrado, por aquello que antes dolía profundamente y hoy duele menos, para no quedar atrapados únicamente en la mirada de lo que falta”.
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Frustración, expectativas y planificación: avanzar paso a paso hacia los objetivos
Respecto a la frustración —una emoción frecuente en personas con umbrales de exigencia elevados o expectativas poco realistas— Andreoli explicó que es clave sostener una visión clara del objetivo final, pero avanzar de manera progresiva.
“Es necesario tener el mapa completo en la mente, pero luego desglosarlo en pasos pequeños y alcanzables”, señaló. Como ejemplo, mencionó su propio proceso emprendedor en la creación de un jardín de infantes, donde cada instancia —desde entrevistas de personal hasta la gestión de habilitaciones municipales— se convierte en un logro que impulsa el recorrido.
“Cuando aprendemos a valorar cada paso, el proceso deja de ser una carga y se transforma en motor”, agregó.
En este sentido, advirtió sobre el impacto de la dispersión y el consumo constante de redes sociales:
“Para lograr cualquier objetivo se necesita foco absoluto, incluso cuando se trata de metas pequeñas. La distracción permanente erosiona la constancia”.
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Cambios en las tradiciones y nuevas preguntas existenciales tras la pandemia
Andreoli observó que, en los últimos años, cada vez más personas eligen transitar las fiestas fuera del esquema familiar tradicional, ya sea viajando o compartiendo con vínculos elegidos. Según explicó, este fenómeno se profundizó tras la pandemia, que dejó como saldo una fuerte crisis de identidad colectiva.
“Después del COVID aparecieron preguntas profundas: ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿estoy siendo auténtico?, ¿con quién quiero realmente compartir mi tiempo?”, señaló.
“Muchas tradiciones sostienen, pero otras funcionan como ataduras”, reflexionó. “Hoy muchas personas deciden no fingir bienestar y priorizar su salud emocional, incluso si eso implica tomar distancia de vínculos truncados”.
En ese sentido, destacó que el silencio también puede ser una forma saludable de mediación, y aclaró que la reconciliación no siempre es posible en el corto plazo: “Requiere un cambio de conciencia de ambas partes”.
