Entre la prevención de incendios y los desafíos de la ganadería
Analía Esperón, productora ganadera del Delta y delegada de la Sociedad Rural Argentina, brindó una perspectiva sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la actividad en la región.

Con un foco en la prevención y la seguridad, Esperón destacó la compleja ecuación que vincula la baja carga ganadera con el riesgo de incendios y la necesidad de un marco judicial más robusto.
Alerta por incendios y baja carga ganadera
El Delta será objeto de un vuelo de reconocimiento con el Plan Nacional de Manejo del Fuego. Esta iniciativa busca anticiparse a una posible sequía invernal, ya que la baja carga ganadera en la zona, si bien previene la sobrecarga de pasturas, también genera un exceso de forraje seco, un combustible ideal para incendios. «La carga ganadera en el Delta es el contralor directo de lo que es el macizo de forrajes. Esa es la peligrosidad», explicó Esperón. La prevención, con controles coordinados entre Prefectura, Policía Rural de Islas, la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos, es clave para mitigar este riesgo.
El flagelo del abigeato y la seguridad rural
Esperón enfatizó la importancia de la seguridad y el sistema judicial como pilares para una producción eficiente. Desde su rol en las mesas provincial y nacional de seguridad rural, la delegada ha trabajado en la problemática del abigeato y la caza furtiva. Aunque reconoce el esfuerzo de las fuerzas policiales, señala la necesidad de «dar una vuelta de tuerca» en el ámbito judicial, con fiscalías temáticas que garanticen una penalidad adecuada para estos delitos. «Si bien, tenemos a los policías que hacen lo humanamente posible con las herramientas que tienen, que siempre son escasas, el tema judicial… creo que ahí hay que dar una vuelta de tuerca», sentenció.
Un Delta estancado y la dinámica del mercado ganadero
A pesar del potencial, la población de productores en el Delta no ha crecido significativamente. Aunque se comercializan novillos para engorde, la expansión del sector se ve limitada. Esperón también analizó la cambiante ecuación del mercado ganadero. En el pasado, durante el auge de la soja y la baja valoración de la ganadería, muchos campos agrícolas viraron hacia la producción bovina. Hoy, la situación es diferente, y grandes campos agrícolas se están dedicando nuevamente a la ganadería.
Sin embargo, esta dinámica no se traduce automáticamente en una mayor rentabilidad para el productor. «No nos olvidemos que también los insumos están a precio carne», señaló Esperón, haciendo hincapié en que los alquileres y la carga impositiva son factores que afectan significativamente los costos. La cadena de intermediación, además, «achica la rentabilidad» del productor.
El potencial de la carne argentina y los desafíos a futuro
A nivel mundial, la demanda de carne bovina sigue siendo alta, y la genética artificial no ha logrado suplir la proteína. A pesar de que Argentina cuenta con una «calidad de carne que tenemos en Argentina todavía» como una «vedette», la pérdida de más de 12 millones de cabezas de ganado en el pasado ha generado un déficit de stock que aún no se ha recuperado.
Esperón se mostró cauta respecto a las expectativas de crecimiento, subrayando la volatilidad del mercado y la rapidez con la que se cierran las exportaciones. Si bien, existen oportunidades de exportación, el proceso es lento y gradual, y la cadena de valor de la carne es un negocio a largo plazo, con proyecciones de al menos cinco años para ver un margen de ganancia.
Finalmente, la delegada hizo un llamado a la reflexión sobre la carga tributaria que afecta tanto a productores como a consumidores. Con la esperanza de que el gobierno y la sociedad reconozcan la importancia del campo como proveedor de alimentos para la mesa de cada argentino, Esperón concluyó: «La esperanza siempre en el campo está de que el gobierno y la sociedad mire el campo, ya que hacemos lo que es la alimentación en cada mesa de cada argentino».
