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1 abril, 2026

Huergo Cereales: Productores buscan la vía judicial ante falta de soluciones «lógicas»

La tierra, fuente de sustento y prosperidad en la Argentina, se ha convertido para más de 70 productores agropecuarios en un campo minado de desconfianza y desesperación.

La empresa Huergo Cereales, otrora un actor clave en el mercado de granos, hoy se erige como el epicentro de una estafa millonaria que ha sembrado la angustia en Coronel Mom, Palemon Huergo, Chivilcoy, Chacabuco, Córdoba y otras v regiones . Este no es un simple conflicto comercial; es la radiografía de un sistema que, en sus intersticios, permite el florecimiento de prácticas inescrupulosas que desfinancian a quienes, con su esfuerzo, alimentan a la nación.
La trama de Huergo Cereales se teje en el silencio y la opacidad. Jorge Romero y Gustavo Giambroni, las autoridades de la empresa, han optado por una estrategia de evasión, negándose a dar la cara y ofrecer explicaciones a los damnificados. Esta actitud, que raya en el desprecio por la responsabilidad empresarial, no solo agrava el perjuicio económico, sino que también erosiona la ya frágil confianza en el sistema. ¿Qué intereses se ocultan detrás de este hermetismo? ¿Por qué la negativa a enfrentar a quienes han perdido el capital de trabajo?
El intento de «solución» propuesto por el Dr. Banchero, representante legal de la firma, el pasado 5 de marzo en el Club de Huergo, lejos de apaciguar los ánimos, encendió aún más la indignación. La creación de una cooperativa que operaría «de ahora en adelante», borrando de un plumazo las deudas acumuladas, no es una propuesta de buena fe; es un burdo intento de eludir responsabilidades y trasladar el costo del fraude a las propias víctimas. La reacción de los productores fue unánime: la justicia, y no una amnistía implícita, es el único camino aceptable. Familias enteras, han recurrido a la vía judicial, buscando en los tribunales el resarcimiento que Huergo Cereales les niega.
La magnitud de esta estafa trasciende el perjuicio individual. Huergo Cereales no solo ha defraudado a sus acreedores; ha traicionado la confianza que sostiene el engranaje de la actividad agropecuaria. La fragilidad de los mecanismos de control y la laxitud en la supervisión de las operaciones comerciales se hacen patentes. ¿Dónde estuvieron los organismos de control? ¿Cómo es posible que una empresa acumule deudas millonarias sin que se enciendan las alarmas? Este caso pone en jaque la credibilidad del mercado de granos, un sector que requiere de transparencia y certezas para operar con eficiencia y proteger a sus eslabones más vulnerables.
La comunidad agropecuaria, que representa la columna vertebral de la economía argentina, exige respuestas y, sobre todo, acciones. La incertidumbre generada por casos como el de Huergo Cereales no solo afecta la rentabilidad de los productores, sino que también siembra dudas sobre la seguridad jurídica y la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos de prácticas depredadoras. El campo argentino, que cada día se esfuerza por producir alimentos y riqueza, no puede seguir siendo el terreno fértil para el engaño y la desidia.

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